¿En qué nos basamos?


Educar musicalmente
no es solamente
enseñar a personas que tienen un don para la música.

El oído musical puede desarrollarse

En muchas oportunidades los padres dicen: “Traigo a este hijo porque noto que tiene un don para la música, pero al otro no, porque no noto que tenga oído”.

El llamado “don musical” está compuesto por una serie de habilidades que todos los niños poseen en diverso grado y que se pueden estimular y desarrollar. El sentido rítmico, el oído melódico y armónico, la capacidad de cantar en forma afinada y la creatividad pueden incrementarse con un trabajo adecuado a edades tempranas.

Educar musicalmente
no es solamente
enseñar a tocar un instrumento musical.

La educación musical debe sentar las bases firmes para que la ejecución instrumental no sea mecánica y pobre.

El instrumento musical es un medio para expresar la música y no un fin en sí mismo. Basándose en la lectura u otros recursos visuales se puede lograr que una persona reproduzca alguna famosa melodía en un corto tiempo. Sin embargo, para lograr que esa misma persona descubra esa melodía de oído, se requiere un trabajo mucho más profundo, pero cuyos resultados son más duraderos y satisfactorios.

Por eso, el primer instrumento musical que debe aprender a dominar el niño es su propio cuerpo. Su cuerpo en movimiento, su voz liberadora. Su cuerpo, puente con el otro. Su cuerpo, caja de resonancia donde vibran sus emociones.


Educar musicalmente
no es solamente
enseñar a leer música.

La posibilidad de comunicarse a través de la música por medio del cuerpo y de los instrumentos musicales debe preceder la lectura musical y el estudio teórico de la música.

Del mismo modo que un niño aprende primero a hablar, y luego a leer y escribir, debe lograr comunicarse a través de la música, cantar afinado y tocar de oído melodías sencillas antes de leer una partitura. Así la lectura musical cobrará mayor sentido para él y le abrirá nuevos horizontes. 

Todos los niños pueden iniciar el camino de la música de forma intuitiva, tocar de oído instrumentos musicales y aprender ritmo, armonía y composición en forma práctica. 


Educar musicalmente
no es solamente
enseñar música.

La educación musical sobrepasa el marco del instrumento y de la música misma influyendo sobre las principales facultades del ser humano.

La música es para el cerebro del niño como la natación: un ejercicio completo. Por darte algunos ejemplos te diré que a través de la educación rítmica basada en el movimiento corporal, se desarrolla la coordinación global, la agilidad manual y la estructuración del espacio y el tiempo. A través de la educación auditiva gradual y sistematizada, se mejora el desarrollo de la percepción auditiva mediante el descubrimiento del sonido y sus relaciones. La educación melódica está estrechamente ligada a la expresividad afectiva mientras que el desarrollo del oído armónico estimula las facultades intelectuales. Por otro lado, la práctica de cualquier arte implica concentración, disciplina de trabajo, voluntad de superación y constancia. Desarrollar estos hábitos implica influenciar positivamente en todas las actividades que el niño desee llevar a cabo.

La educación musical, tal como nos proponemos entenderla, pone el acento en la música como medio de comunicación y como canal de expresión del mundo interno de cada persona, y halla en la actividad grupal su mejor marco de desarrollo.


© 2002 Cristina Muscarsel

Cristina Muscarsel es la autora de todos los textos e imágenes de esta página: Derechos reservados




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